Esta canción tiene una historia interesante pues aunque es un himno al amor, no fue hecha precisamente al amor de pareja sino al amor a Dios, ya que Agustín Lara le dedicó este bolero al actor peruano José Mojica al saber que éste se convertiría en fraile franciscano.
Solamente una vez Amé en la vida Solamente una vez Y nada más Una vez nada más En mi huerto Brilló la esperanza La esperanza que alumbra el camino De mi soledad Una vez nada más Se entrega el alma Con la dulce y total Renunciación Y cuando ese milagro realiza El prodigio de amarse Hay campanas de fiesta Que cantan en el corazón